miércoles, 23 de enero de 2008
viernes, 18 de enero de 2008
CORDOBESES EN PUERTO RICO

CORDOBESES EN PUERTO RICO
Hay personas que gozan cuando siente tener un rato de gloria. Hay otra gente, sin embargo, con la que es una gloria estar un rato y esa es, mi primera conclusión al haber asistido al primer CongresoInternacional de Literatura Virtual en la Universidad de Puerto Rico-Mayagüez, promovido por el Foro Iceberg Nocturno.
La casuística consiste en recurrir a casos reales, es decir, que allí
he podido constatar, que realmente es verdad. Un grupo de personas
llamadas a un Congreso, allende los mares, que a la hora de conocerse físicamente (ya que virtualmente teníamos alguna relación literaria, allí en el Viejo San Juan, que ya sabemos que decir viejo es experiencia), nos conocimos tres personas que de alguna forma habíamos estado relacionados o con algo en común.
Primero los tres éramos de Córdoba, Luciana Garcés, periodista de La
Voz de Galicia en A Coruña, nació en Córdoba, en una familia de Periodistas, siendo su padre José G. Signo, el cual fue redactor jefe del Diario de Córdoba, y llegó desde Gijón como el recordado Federico Miraz. Amén de periodista, Signo fue dramaturgo, compositor de óperas, director de cine y teatro y actor. Un periodista que fue llamado para la Paz y el Sueño.
Luci Garcés, a los tres años participaba recitando en Radio Chupete, en Radio Córdoba, un programa radiofónico, que muchos tuvimos la ocasión de hacer nuestros pinitos, en el que logró su primer y único premio de declamación. En el Diario Córdoba, publicó su primer relato a los cuatro años, décadas después, realizó su primer período de prácticas de periodismo.
El segundo, un cordobés nacido en Lucena y que recordando nos habíamos conocido 30 años atrás en Fuengirola, Ernesto García Aznar, gran actor que representó, Las manos de Euridice y que quizá pronto personifique en Córdoba en el Circulo de la Amistad, espero que llegue a buen fin, pues hacía mucho tiempo que no veía nada igual.
No quiero dejar atrás a la directora Socorro Mármol, acreditadaabogada y que también es andaluza de nuestra hermana Jaén.
El Congreso cuya organización impecable corrió a cargo de la Dra.
Carmen Vega Olivenza, tenía como propósito, presentar las páginas Web personales, argumentar concepciones y considerar las técnicas de Internet, una ocasión de reunión que pretendía ver la reciprocidad existente entre Tecnología y Literatura a través de reflexiones de nuevos métodos, en los cuales no debía quedarse al margen la Literatura.
Un escrito en Internet puede intercionalizarse en el momento que es
subido a la red, a su vez esto hace, que escritores afamados puedan probar el éxito de sus trabajos sin necesidad de comprometer su reputación, pero no ha sido conclusión del Congreso puesto que no se necesita un antifaz para dilucidar si es bueno o malo, porque también existen personas de poca notabilidad que resulta, que por no haber encontrado por su poca experiencia y no son comerciales de momento, ante el omnipresente mercado (según las editoriales), todavía no disponen de otro medio que no sea Internet, (es más barato) para ver realizado sus sueños en publicar, aunque el olor a libro siempre será al menos, para mí, el remate final de un escritor y que este no deba ver coartada su capacidad creativa.
Internet facilita la reproducción de un contenido cerca de, comunicados
que son considerados en un proceso inmediato y que se colocan y transitan podemos decir por cualquier persona que fluya sangre lírica por sus venas como en su día le dijera Miguel Hernández a Juan Ramón Jiménez (poeta al que se le ha dedicado el Congreso), decía que le ocurría.
El potencial de escritores podrán realizar, con sus singularidades, lo
virtual. Esta lectura valdrá, para trasladarlos a originar un inédito
tratado. Los escritos y sus autores quedarán allí para ser debatidos,
también en lo virtual.
Un congreso se reúne y a través de unas ponencias, se concretó que en
el campo de Internet, lo virtual no sea sólo respetado, sino también
debatido, exteriorizando las experiencias, argumentar las impresiones
el nuevo uso de las tecnologías desde una configuración de trabajo, y nueva aptitud del cambio que aunque ya se puede catalogar de habitual, existen personas que no se aclimatan a estos nuevos campos de la red.
La red contribuye con grandes posibilidades la información, no para
monopolizar todo lo virtual, al menos eso espero yo de momento, aunque exista una efervescencia latente entre generaciones más jóvenes, si como ayuda a poblaciones con grandes dificultades de relación con otros países.
domingo, 28 de octubre de 2007
CARTA A CORDOBA
QUERIDO AMIGO: Ven Amigo, dame la mano y déjame presentarte a la Ciudad de Córdoba, una señora exquisita, apasionada, sentimental, y como toda mujer de sus años y experiencia, hermosa, interesante, y quizás… un poco controvertida, además de ser Patrimonio de la Humanidad.La Ciudad de Córdoba nació entre valles y campiñas. El Arcángel San Rafael es Custodio, fielmente cuida a la ciudad con fe, celo y esmero. Vive rodeada de valles amigos, cálidos y bellos que brindan a la Dama paz y sosiego; calor, refugio y expansión.
Como toda dama española, la Ciudad de Córdoba es coqueta, femenina, inteligente. Se perfuma con azahares, geranios, jazmines con jardines verdes y floridos, se peina con tomillo y jaras, y a pesar que en algunas ocasiones las aguas frescas de lluvias tardan en bañar su cuerpo, germinan sus entrañas. Le gusta recibir baños de sol para estar siempre morena. Es algo vanidosa, le gusta ver su imagen en la filigrana de la platería, que la rodean e irradian sus reflejos.
Le llaman "callada y sola", aunque en su cara hay risa y calidez, hay colorido y cantos naturales, hay paz y hay brisa. El verde de sus plantas adornadas con variedad de colores son sus favoritos. Se viste de jardines y de patios, se corona con cielos despejados, azules y a veces algo grises, pero siempre límpidos. Por las noches, se cubre con un gran manto de estrellas, se pinta de luna llena y, tímidamente, se sonroja cuando sus enamorados, traviesos, le traen serenatas o le pregonan que "no hay cielo como el de mi Córdoba.
La Ciudad de Córdoba colecciona joyas y tesoros, antigüedades, tradiciones, herencia indiscutible y patrimonio legítimo. Tiene iglesias, callejitas estrechas gastadas por el tiempo, monumentos propios, parques floridos, conventos milenarios, santuarios, placitas risueñas, museos arcaicos, bodegas, librerías y hasta una Sierra natural a la que amorosamente la llaman Morena. Pero como toda dama culta y refinada, acepta el ritmo actual y es amiga del progreso. Compra inventos, técnicas nuevas, chucherias del futuro. Le gusta estar al día con la ciencia. Tiene edificios modernos, hoteles de lujo, avenidas nuevas y amplias, residencias, puentes, escuelas, galerías comerciales... Conserva su nobleza y sus raíces, pero baila al ritmo de este siglo; le gusta usar lo clásico, pero también tiene
minifaldas; bebe whisky escocés y vino de Montilla o de Moriles, té moruno, ron del Caribe, vodka ruso y cerveza; disfruta al son del rondador… baila asimismo rock'nroll y toca la guitarra en el embrujo de una taberna. Sus comidas están entre las más preciadas de la gastronomía española y aunque es tierra de vinos con denominación de origen también permite entrar un buen vino de otras regiones, una paella, y hasta tallarines, hamburguesas y excepcionales mariscos. Tiene muchos restaurantes, pequeños, grandes, tabernas, que juegan con los bares de copas y también con la movida de la noche . Aunque, eso si, algunas farolas no están en el sitio que les corresponden.
La Ciudad de Córdoba es, y siempre fue, una Señora muy fértil y fecunda, una mujer completa que parió miles y miles de hijos propios: hombres y mujeres nobles, dignos, poetas, sabios, ingenuos, pintores, toreros, rebeldes, modestos y orgullosos. Como toda madre siempre se amolda al carácter de sus hijos porque todos son suyos, de su sangre, de su vientre y los quiere, aunque los hermanos algunas veces tarden en reconocerlos y hasta les da Salud a los que no están. Y su instinto maternal es tan profundo, que adoptó en el pasado y sigue recibiendo hijos inmigrantes que llegan a sus puertas buscando paz, pidiendo amor y abrigo.
La Ciudad de Córdoba es una dama sin edad, o quizás, tenga todas las edades. Sin embargo, festeja su cumpleaños en Mayo vistiéndose de gala y amablemente presidiendo la fiesta de colores y alegría que organizan sus hijos, sus parientes, sus amigos. Abre sus puertas, ilumina sus iglesias, corona a la Reina de la Fiesta, baila al compás de las palmas, y es madrina salerosa de la gran fiesta taurina que todos organizan en su honor.
La Ciudad de Córdoba venera respetuosamente a sus abuelos San Acisclo y Santa Victoria y mima a San Álvaro Y a la Virgen de Linares. Reza con todo fervor ante el bello camarín de la
Virgen de la Fuensanta. Ama a todas sus hermanas, aunque quizá tenga algo mas especial con las siete andaluzas. Me siento incapaz, mi buen amigo, de narrar en un papel y en una carta, todo lo que la Ciudad de Córdoba es y todo lo que ofrece. Por eso te pido nuevamente que vengas y que veas, que goces, que sientas y disfrutes de Córdoba…la gran Dama y Señora de ayer, de hoy…de siempre.
Como toda dama española, la Ciudad de Córdoba es coqueta, femenina, inteligente. Se perfuma con azahares, geranios, jazmines con jardines verdes y floridos, se peina con tomillo y jaras, y a pesar que en algunas ocasiones las aguas frescas de lluvias tardan en bañar su cuerpo, germinan sus entrañas. Le gusta recibir baños de sol para estar siempre morena. Es algo vanidosa, le gusta ver su imagen en la filigrana de la platería, que la rodean e irradian sus reflejos.
Le llaman "callada y sola", aunque en su cara hay risa y calidez, hay colorido y cantos naturales, hay paz y hay brisa. El verde de sus plantas adornadas con variedad de colores son sus favoritos. Se viste de jardines y de patios, se corona con cielos despejados, azules y a veces algo grises, pero siempre límpidos. Por las noches, se cubre con un gran manto de estrellas, se pinta de luna llena y, tímidamente, se sonroja cuando sus enamorados, traviesos, le traen serenatas o le pregonan que "no hay cielo como el de mi Córdoba.
La Ciudad de Córdoba colecciona joyas y tesoros, antigüedades, tradiciones, herencia indiscutible y patrimonio legítimo. Tiene iglesias, callejitas estrechas gastadas por el tiempo, monumentos propios, parques floridos, conventos milenarios, santuarios, placitas risueñas, museos arcaicos, bodegas, librerías y hasta una Sierra natural a la que amorosamente la llaman Morena. Pero como toda dama culta y refinada, acepta el ritmo actual y es amiga del progreso. Compra inventos, técnicas nuevas, chucherias del futuro. Le gusta estar al día con la ciencia. Tiene edificios modernos, hoteles de lujo, avenidas nuevas y amplias, residencias, puentes, escuelas, galerías comerciales... Conserva su nobleza y sus raíces, pero baila al ritmo de este siglo; le gusta usar lo clásico, pero también tiene
minifaldas; bebe whisky escocés y vino de Montilla o de Moriles, té moruno, ron del Caribe, vodka ruso y cerveza; disfruta al son del rondador… baila asimismo rock'nroll y toca la guitarra en el embrujo de una taberna. Sus comidas están entre las más preciadas de la gastronomía española y aunque es tierra de vinos con denominación de origen también permite entrar un buen vino de otras regiones, una paella, y hasta tallarines, hamburguesas y excepcionales mariscos. Tiene muchos restaurantes, pequeños, grandes, tabernas, que juegan con los bares de copas y también con la movida de la noche . Aunque, eso si, algunas farolas no están en el sitio que les corresponden.
La Ciudad de Córdoba es, y siempre fue, una Señora muy fértil y fecunda, una mujer completa que parió miles y miles de hijos propios: hombres y mujeres nobles, dignos, poetas, sabios, ingenuos, pintores, toreros, rebeldes, modestos y orgullosos. Como toda madre siempre se amolda al carácter de sus hijos porque todos son suyos, de su sangre, de su vientre y los quiere, aunque los hermanos algunas veces tarden en reconocerlos y hasta les da Salud a los que no están. Y su instinto maternal es tan profundo, que adoptó en el pasado y sigue recibiendo hijos inmigrantes que llegan a sus puertas buscando paz, pidiendo amor y abrigo.
La Ciudad de Córdoba es una dama sin edad, o quizás, tenga todas las edades. Sin embargo, festeja su cumpleaños en Mayo vistiéndose de gala y amablemente presidiendo la fiesta de colores y alegría que organizan sus hijos, sus parientes, sus amigos. Abre sus puertas, ilumina sus iglesias, corona a la Reina de la Fiesta, baila al compás de las palmas, y es madrina salerosa de la gran fiesta taurina que todos organizan en su honor.
La Ciudad de Córdoba venera respetuosamente a sus abuelos San Acisclo y Santa Victoria y mima a San Álvaro Y a la Virgen de Linares. Reza con todo fervor ante el bello camarín de la
Virgen de la Fuensanta. Ama a todas sus hermanas, aunque quizá tenga algo mas especial con las siete andaluzas. Me siento incapaz, mi buen amigo, de narrar en un papel y en una carta, todo lo que la Ciudad de Córdoba es y todo lo que ofrece. Por eso te pido nuevamente que vengas y que veas, que goces, que sientas y disfrutes de Córdoba…la gran Dama y Señora de ayer, de hoy…de siempre.
martes, 14 de agosto de 2007
JERGA EN DESUSO
JERGA EN DESUSO
Desde que era un “retaco” guardo un recuerdo imborrable de verme subido en “borombillos” encima de mi “chache” cuando él usaba pantalones “bombachos”, un “verbeton”, que escondía debajo su “sariana” y “fijador de polvos Neybo” en el pelo. A buen seguro estoy de que alguna “gañafá” se me escaparía, cuando me soltaba de un “manubrio”, para rascarme, porque “barrunto” que por aquella época los “nenes” teníamos “sabañones”.
“Trochábamos” para llegar antes a la “miga”, me imagino con cara de “papanatas” y “alelaos”, diciendo “pegos” porque por el camino se me había caído el “chupón” o una “tosileta” y los “pizarrines” se podían “espachurrar”, el “lápiz de carne” se había perdido en el “plumier” entre las “puntas”, o el “joyo de pan con aceite” que no estaba “bueno boo” se había salido del papel de “estraza”, se había llenado de “pizcos”, creo, que más de una vez me dio un “soponcio” entre los “bártulos” y por el ojo a la “virulé” que se me podía haber puesto si me hubiera caído y dado un “jardalazo”.
En la “fila” antes de entrar echabas una “visua” y veías al “esaborío” de la segunda banca que al menos cuando estaba allí con sus “tabardillos”, era porque no había hecho la “rata” para ir a coger “cigarrones” o “curianas”, parecía “esnortao” y un “macana” cuando al “andoba” le daba el “abenate” y de vez en cuando, el “sabihondo” el “guaperas”, que solía ser un “mequetrefe” para buscar una “trifulca”, pegaba un “chiflio”, que te producía un “jamacuco” y se te caían los “cachivaches”. Siempre había alguien que decía “ucha er quillo como reflanfifa” que con el “jaleo” me he quedado “en tenguerengue”, hasta me he caído y se me ha hecho un “zancajo” en los calcetines que me va hacer una “sobadura”, le tengo una “hincha” que hasta le “azuzaba” una “bicha” si la tuviera, que todavía sigue haciendo “trastadas” y es mas viejo que “carracuca”. Otros se quedaban más serios que un “ajoporro” o les daba un “telele”. Otros se les había quedado la cara “pará” con la “bulla” buscando algún “bujío” o “charnaque” por el “pegote” que se había tirado el “asaltacunas” y había formado el “taco” dejando la fila a “retortero”.
¿Quién ha sido ese niño “zangolotino” ¡no le da “lacha”!? ¡No sabe que estamos en un colegio! ¡A ver si nos dejamos de “pegoletes”. Recriminaba el “maestro”.
También te gustaba ver a los “guayabos” que ya empezaban a “empollinar” y aunque te pusieras “colorao” te complacía ya “bichear”.
Cuando llegaba la época que el “Lorenzo” apretaba, era terrible pues te podía dar una “alferecía” o te quedabas “guarnío”, intentabas “hacer el paripé” y “pingarte” a la “remanguillé” haciéndote el “remolón” para buscar un “sombrajo”, esto hacía que te tomaran “tirria” y se “chirrearan de ti, pero al menos no se te ponía el “gaznate” como si te hubieras comido una “sopaipa” o un puñado de “azofaifas” o “almezas”.
Los recreos en verano se hacían cada vez más largos y hasta te salía “sarpullio menuito”. Los “trastos”, los llevabas en el “macuto” para guardar la “enciclopedia Álvarez”; las carreras que dabas, te dejaban “aperreado”. Cuando algún “enterao” te decía “venacapacá” a comprar “kikis” o “caramelos sacy o pictolín” a la voz de “endiñen”, “claudicabas” porque si no te decían que eras un “gurrumino” si no gastabas una “perra gorda” o unas “perrillas” que habías sacado de la “alcancía” parecía que te quedabas a la “retranca”, pero debías pasar bien el “fielato”. Algunos usaban “el truco del almendruco” y te “trajinaban” con tal de sacar algo y si no, te convertías rápidamente en “su viri” y tenías que enviar los “mandaos” a través de un “propio” porque te habían “tachado” y hasta que uno de los dos, no se “rebajara” no volvía la paz y te comías un “sin lancareto”, para evitar una “pechá” de “sopapos” o “soplamocos” por ser un “pazguato”.
Las “muchachas” o “chorbas” se guardaban bien de taparse con “puchos” o los “pololos” por las “jaretas”; en un “periquete” se “acicalaban”, mientras observaban a los pájaros que llevaban “palitroques” en el pico, para sus “vástagos” andaban de “palique” “musitando” con sus amigas y así evitar que algún “gachupín” “fartuzco” o “majareta” pudiera dar a una situación de “intríngulis” e irse todo al “garete” y armar la “tremolina”.
Hoy día es dificil que este argot lo conozcan los jovenes, que como decía en mi articulo anterior usan una jerga bien distinta, pero la nostalgia me ha hecho recordar estas palabras que están en “desuso” en la actualidad y que de vez en cuando oyes a los de nuestra generación pronunciar.
sábado, 4 de agosto de 2007
A JOSÉ LUIS SÁNCHEZ FERNÁNDEZ
Mis primeras palabras son, de tristeza sincera por el fallecimiento de José Luis Sánchez Fernández. Muy especialmente quiero empezar por dejar constancia de mi "multidimensional deuda" con él. Todo está ya dicho y escrito, pero a pesar de todo, la amenidad y brillantez que José Luis tenía hablando, no la podré olvidar fácilmente.
Eso me obliga a una introspección a hacer público el agradecimiento eterno. Cuando hace muchos años conocí a José Luis Sánchez Fernández a través de la poesía ya que él estaba recitando y como le dijo Miguel Hernández a Juan Ramón Jiménez, “no tengo la culpa de que por mis venas circule esa chispa de la lírica”. De ahí llegamos a otra faceta interesante ¡la amistad!.
. Siempre me honré, y mucho, con su amistad. Y debo decir que no sólo agradezco a mis profesores lo que sé. En honor a la verdad, me obligo a revelar que también aprendí mucho de la enciclopedia viviente que era José Luis Sánchez Fernández, tal vez por que existía una relación de amistad en la que día a día debatíamos temas culturales y justo es conocer el reconocimiento incluso de lo que no se sabe..
No merecería ningún mérito a un amante de la cultura que no tenga muy claro esto último, porque, nos guste o no, “el solo sé que no sé nada”, era patente cuando pasabas horas hablando al lado de José Luis.
Por ello, precisamente por eso, creo que en mi opinión, que para analizar a José Luis y encontrar soluciones pragmáticas en su río de la vida, como dijo el filósofo Heraclito, “nadie puede bañarse dos veces”. Tuve el placer de sumergirme en sus conocimientos indudables.
Hay que hablar de José Luis recitando. Los poemas que escogía, ejemplificaban con precisión lo que estoy diciendo. En ellos prolongaba sus dotes de declamador, cuidando al máximo los contenidos de los mismos, enriqueciéndolos al expresar sus sentimientos y huyendo siempre del piropo exaltado y gratuito que tanto suele darse en estos casos. Por eso sus actos siempre tenían auténtico rigor y fidelidad a los textos, como se daba en Manuel Dicenta, consiguiendo de esta manera los mejores afanes y virtudes de cada poema. Con lágrimas y mucha pena te digo adiós querido amigo.
Eso me obliga a una introspección a hacer público el agradecimiento eterno. Cuando hace muchos años conocí a José Luis Sánchez Fernández a través de la poesía ya que él estaba recitando y como le dijo Miguel Hernández a Juan Ramón Jiménez, “no tengo la culpa de que por mis venas circule esa chispa de la lírica”. De ahí llegamos a otra faceta interesante ¡la amistad!.
. Siempre me honré, y mucho, con su amistad. Y debo decir que no sólo agradezco a mis profesores lo que sé. En honor a la verdad, me obligo a revelar que también aprendí mucho de la enciclopedia viviente que era José Luis Sánchez Fernández, tal vez por que existía una relación de amistad en la que día a día debatíamos temas culturales y justo es conocer el reconocimiento incluso de lo que no se sabe..
No merecería ningún mérito a un amante de la cultura que no tenga muy claro esto último, porque, nos guste o no, “el solo sé que no sé nada”, era patente cuando pasabas horas hablando al lado de José Luis.
Por ello, precisamente por eso, creo que en mi opinión, que para analizar a José Luis y encontrar soluciones pragmáticas en su río de la vida, como dijo el filósofo Heraclito, “nadie puede bañarse dos veces”. Tuve el placer de sumergirme en sus conocimientos indudables.
Hay que hablar de José Luis recitando. Los poemas que escogía, ejemplificaban con precisión lo que estoy diciendo. En ellos prolongaba sus dotes de declamador, cuidando al máximo los contenidos de los mismos, enriqueciéndolos al expresar sus sentimientos y huyendo siempre del piropo exaltado y gratuito que tanto suele darse en estos casos. Por eso sus actos siempre tenían auténtico rigor y fidelidad a los textos, como se daba en Manuel Dicenta, consiguiendo de esta manera los mejores afanes y virtudes de cada poema. Con lágrimas y mucha pena te digo adiós querido amigo.
viernes, 27 de julio de 2007
Córdoba en el mundo

Cordoba en el mundo
El que no sepa todavía que en Córdoba te preguntan por la dirección de una calle y no solo se la indicas, sino que además eres capaz de acompañar al interesado, no sabe que es algo muy común. La cordialidad se da en efecto en nuestra ciudad. Esas razones hacen fácil estar en la zona de la Judería y entablar conversaciones con extranjeros. No hace mucho me vi en esta situación; allí estábamos tres cordobeses hablando, uno de Córdoba de Argentina, otro de Córdoba de Veracruz de México y el tercero que era yo, de nuestra Córdoba. En la conversación, después de que cada uno exaltara a su ciudad (hecho loable), el mexicano decía haber hecho por los Estados Unidos una ruta que lo llevó por Alaska, Alabama, Nebraska, Maryland, California, Illinois, Nuevo México, Tenesse y Carolina del Norte y del Sur, por ciudades que se llaman Córdoba. Así lo atestiguaban las fotografías realizadas. Además en México no se contentan con una sola pues hay otra en Durango, el cantón de Córdoba y hasta una isla que se llama igual.
El argentino también presumió de que además de la mencionada existen otras en Calchaquí y en Catamarca; otra llamada Cordobita, la Sierra de Córdoba y Rocas de Córdoba. Yo no podía ser menos y dije que en Badajoz hay una Cordobilla de Lacara, en Palencia Cordobilla la Real y en Salamanca y Albacete, aunque con distinta ortografía, Cordovilla.
A la conversación se unió un colombiano y nos hizo saber que en su nación hay un río que se llama Córdoba sin dejar atrás los departamentos de Santander, Antioquia, Caqueta, Nariño, Quindío y Bolívar dónde también existen.
Mucha Córdoba aparecía. Por eso al llegar a casa comencé a navegar por internet. Comprobé que no todas habían salido a la palestra, a través de Wikipedia. Pude saber que en Chile, en el Estrecho de Magallanes, estaba de nuevo la Península, la Isla, el Estrecho, el Paso y la Laguna de Córdoba. En el Salvador, Cabo Córdoba. En Venezuela, Nueva Córdoba, en los Estados de Portuguesa, Táchira y María.
En Canadá, otra bahía llamada Córdoba, un canal y los llamados Bajos de Córdoba. En Uruguay en el departamento de las Flores, no podían llamarse nada más que Cordobesa y el río Cordobés. En Perú existe en el Departamento de Huancavélica. Pienso que los últimos de Filipinas también dejaron con nostalgia dos poblaciones llamadas igual. En Nicaragua, la moneda nacional es un córdoba.
El nombre de estas ciudades pudo deberse a la añoranza de andaluces allende los mares. Quizá los hubo que llegaron a querer sentirse como en su propia casa y así podemos encontrar el nombre de Posadas en Argentina; en Chile podemos recorrer poblaciones con el nombre de Montes de Valenzuela, Aguilar, Jauja y Cañete. Este último existe también en Cuba como cabo y en Perú como población y río y también Pueblonuevo. Espejo se encuentra en la isla de Marchena en el archipiélago de Colón y en Ecuador como cantón. Pero lo más sorprendente es volver a Filipinas y encontrar islas llamadas Lucena, Aguilar, Montalbán, La Carlota y Cabra.
Y es que esta tierra dichosa, que lleva el nombre de Córdoba, no podía estar sola. Los cordobeses hemos llevado el nombre de Córdoba con mucho orgullo. ¡No estamos solos! Pienso que somos millones de cordobeses por el mundo. Puede haber más ciudades, que yo desconozca.
Puesto que nuestra Córdoba ha sido propuesta para que en 2016 pudiera asumir la Capitalidad Cultural de Europa, hago un exhorto al Ayuntamiento de Córdoba.
Al menos (si no lo ha hecho aún) que comunique a través de los muchos medios, que existen hoy, una notificación a estas ciudades, para invitarles a que apoyen simplemente a Córdoba. A buen seguro estoy que se sentirán orgullosos, al igual que nosotros, de vivir, de ir al campo, o bañarse en un río que lleve el nombre de Córdoba.
El que no sepa todavía que en Córdoba te preguntan por la dirección de una calle y no solo se la indicas, sino que además eres capaz de acompañar al interesado, no sabe que es algo muy común. La cordialidad se da en efecto en nuestra ciudad. Esas razones hacen fácil estar en la zona de la Judería y entablar conversaciones con extranjeros. No hace mucho me vi en esta situación; allí estábamos tres cordobeses hablando, uno de Córdoba de Argentina, otro de Córdoba de Veracruz de México y el tercero que era yo, de nuestra Córdoba. En la conversación, después de que cada uno exaltara a su ciudad (hecho loable), el mexicano decía haber hecho por los Estados Unidos una ruta que lo llevó por Alaska, Alabama, Nebraska, Maryland, California, Illinois, Nuevo México, Tenesse y Carolina del Norte y del Sur, por ciudades que se llaman Córdoba. Así lo atestiguaban las fotografías realizadas. Además en México no se contentan con una sola pues hay otra en Durango, el cantón de Córdoba y hasta una isla que se llama igual.
El argentino también presumió de que además de la mencionada existen otras en Calchaquí y en Catamarca; otra llamada Cordobita, la Sierra de Córdoba y Rocas de Córdoba. Yo no podía ser menos y dije que en Badajoz hay una Cordobilla de Lacara, en Palencia Cordobilla la Real y en Salamanca y Albacete, aunque con distinta ortografía, Cordovilla.
A la conversación se unió un colombiano y nos hizo saber que en su nación hay un río que se llama Córdoba sin dejar atrás los departamentos de Santander, Antioquia, Caqueta, Nariño, Quindío y Bolívar dónde también existen.
Mucha Córdoba aparecía. Por eso al llegar a casa comencé a navegar por internet. Comprobé que no todas habían salido a la palestra, a través de Wikipedia. Pude saber que en Chile, en el Estrecho de Magallanes, estaba de nuevo la Península, la Isla, el Estrecho, el Paso y la Laguna de Córdoba. En el Salvador, Cabo Córdoba. En Venezuela, Nueva Córdoba, en los Estados de Portuguesa, Táchira y María.
En Canadá, otra bahía llamada Córdoba, un canal y los llamados Bajos de Córdoba. En Uruguay en el departamento de las Flores, no podían llamarse nada más que Cordobesa y el río Cordobés. En Perú existe en el Departamento de Huancavélica. Pienso que los últimos de Filipinas también dejaron con nostalgia dos poblaciones llamadas igual. En Nicaragua, la moneda nacional es un córdoba.
El nombre de estas ciudades pudo deberse a la añoranza de andaluces allende los mares. Quizá los hubo que llegaron a querer sentirse como en su propia casa y así podemos encontrar el nombre de Posadas en Argentina; en Chile podemos recorrer poblaciones con el nombre de Montes de Valenzuela, Aguilar, Jauja y Cañete. Este último existe también en Cuba como cabo y en Perú como población y río y también Pueblonuevo. Espejo se encuentra en la isla de Marchena en el archipiélago de Colón y en Ecuador como cantón. Pero lo más sorprendente es volver a Filipinas y encontrar islas llamadas Lucena, Aguilar, Montalbán, La Carlota y Cabra.
Y es que esta tierra dichosa, que lleva el nombre de Córdoba, no podía estar sola. Los cordobeses hemos llevado el nombre de Córdoba con mucho orgullo. ¡No estamos solos! Pienso que somos millones de cordobeses por el mundo. Puede haber más ciudades, que yo desconozca.
Puesto que nuestra Córdoba ha sido propuesta para que en 2016 pudiera asumir la Capitalidad Cultural de Europa, hago un exhorto al Ayuntamiento de Córdoba.
Al menos (si no lo ha hecho aún) que comunique a través de los muchos medios, que existen hoy, una notificación a estas ciudades, para invitarles a que apoyen simplemente a Córdoba. A buen seguro estoy que se sentirán orgullosos, al igual que nosotros, de vivir, de ir al campo, o bañarse en un río que lleve el nombre de Córdoba.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)