lunes, 2 de abril de 2007

NIÑOS INMIGRANTES


Es muy habitual encontrarnos en la prensa diaria artículos que tratan sobre la inmigración. Aunque alguien piense que es un hecho nuevo, no ha caído en cuenta que rara es la persona que no posee un familiar el cual, en algún momento de su vida, se convirtió en emigrante, colonizador o colono.
El cambio de ir a un país que no es el tuyo conlleva conductas disparejas.
Si bien en un principio puede ser motivador, pronto se manifiesta que el acomodo se reviste atiborrado de escollos arduos de superar. Si a esto le unimos las cargas colaterales de la familia, la realidad se vuelve peliaguda: en concreto con la iniciación escolar de los hijos. No podemos olvidar que la integración de los padres puede ser compleja pero la de los hijos puede ser total, con la adecuada educación.
Hoy día, en numerosos lugares de nuestra geografía existe un tanto por ciento relevante de alumnos en los colegios españoles (públicos, privados o concertados) que proceden de América latina, países del este, asiáticos, norte de Ifrica, etc.
En consultas hechas al profesorado, razonan que deben educarse con el idioma y cultura española, pero conservar su propia lengua y sus tradiciones. No se trata de que ellos se impongan pero sí de que no se desarraiguen.
Los alumnos de la nación no se manifiestan ni en contra ni a favor. Existen aquellos que se pronuncian, ante una situación laboral familiar inestable, haciendo alguna indicación a la competencia laboral. Habría que concienciar a estos sobre la evidencia de la inmigración, el conocimiento de otras realidades, los beneficios de la diversidad cultural, etc. Se acrecienta el conocimiento de otras culturas y países entre los niños no inmigrantes.
Según Unicef, el número de niños que nacen se va acrecentando. Si existen familias regularizadas, también las hay que no están todavía reconocidas.
Por lo tanto, al vivir de una forma ilegal, ¿qué pasa con sus hijos?
La Unesco aprobó la Declaración Universal sobre Diversidad Cultural. Las actitudes educativas y de salud pública hacia las nuevas descendencias, tendrán un impacto mayor entre los niños inmigrantes, y serán conceptuadas cada vez más por sus resultados en la salud y bienestar de éstos.
Algunos niños tienen que afrontar unas condiciones de cortos ingresos, un inconveniente lingüístico, porque los padres no tienen pericia en el idioma y en ocasiones sólo uno de ellos trabaja, etcétera.
Los padres indocumentados corren más riesgo de ser utilizados. Aunque sus hijos tienen derechos y son habilitados para ciertos programas sociales, son remisos a requerir asistencia pública o no se registran en los planes por temor a padecer secuelas por su situación. Esto provoca que muchos niños no obtengan las obligadas ayudas.
Muchos colegios se transforman en los más válidos referentes para la comunidad de extranjeros. Acogen, sin traba alguna, a niños inmigrantes y se han dado cuenta de que existe bastante solidaridad y que funciona perfectamente el "boca a boca" entre ellos. Llegan a contar entre sus aulas más de diez nacionalidades distintas. Ello sin diferenciar los profesores a los alumnos; son curiosamente estos alumnos los que se encargan del último llegado. Si habla su mismo idioma, en ponerlo al día en horas extraescolares. Los inmigrantes se favorecen porque se ejercitan de una manera distinta en el conocimiento del idioma; los españoles, porque obtienen el aproximarse y entender mejor otras culturas. La pluralidad mejora a todos.
Cuando un niño inmigrante se inscribe en un centro escolar, se le hacen unas pruebas para evaluar su nivel de conocimientos generales y el enfoque sobre el idioma. El conjunto de educadores, psicólogos, tutores, se ocupan simultáneamente para lograr un acelerado y completo ajuste del nuevo escolar, más factible a edades más tempranas.
Los centros con una subida congregación de inmigrantes batallan por establecer un patrón educativo concreto, a pesar de la carencia de recursos por el momento.
Hemos de tener en cuenta, ya desde un punto de vista cómodo, que en todos los tiempos se han producido matrimonios mixtos. Es fácil deducir, por lo tanto, que se producirán mestizajes, en lo físico, en lo moral y en lo cultural, ante los cuales, si no hemos actuado con espíritu generoso, podríamos tener muchos quebraderos de cabeza.
Y en palabras del poeta: "Vamos hacia la noche y hacia la noche vamos". Sin embargo, yo digo "¡Abrámosle el día!"