miércoles, 28 de marzo de 2007

JUAN CARLOS MORALES RODRÍGUEZ


No pretendo que se tomen mis palabras en este prólogo como apologías del corazón engreído de un hermano menor, sino como una valoración ecuánime del mérito poético de Juan Carlos Morales Rodríguez, como el juicio que otro escritor, formula sobre una de las obras de un escritor clásico.
Descubrí que mi hermano era poeta hace ya mucho tiempo. En este libro DE TOROS Y TOREROS Y OTROS POEMAS, hay algunos poemas, que cuando se leen, nos transporta a ese tendido, lleno de bullicio que encierra la fiesta de los toros y a vivir con claridad su entorno. El denominador común son el toro y el torero. Para los que amamos este mundo, tiene un verdadero significado.
Esta riqueza de conocimientos le da al libro un aura de lo que encierra la tauromaquia. Su sorprendente percepción en cada momento nos hace ver todas las circunstancias esenciales.
Obviamente no es un libro de vivencias ya que son vidas de otros en el que Juan Carlos a su manera desarrolla claramente el momento álgido o no de sus vidas, casi siempre con la delicada maestría de hacer sonetos ya que son vidas compendiadas en catorce versos dónde se representa el fenómeno en sí y otra la parte humana de cada torero.
Hoy ampliada esta colección de temas taurinos, descubro cada vez más su afición y su amplio léxico de términos exclusivos taurómacos. Es de admirar el esfuerzo hecho por Juan Carlos en conservar una integral ecuanimidad crítica, ya que prescinde en todo momento al estimar el mérito intrínsico de cada lidiador o cada suerte, para centralizarse en exteriorizarlas y solo detallar las funciones del momento, la destreza que los maestros muestran hacia ellas, dónde deja al lector aficionado justiprecie los valores técnicos o artísticos exponiendo claramente que no existe partidismo.
Hechos estas consideraciones, el lector estará listo para deleitarse a plenitud este repertorio de DE TOROS Y TOREROS Y OTROS POEMAS, considerándola en su neutral valor. Espero que les complazcan tanto como a mí.