lunes, 26 de marzo de 2007

LA DIPLOMACIA

Siempre que hablamos de diplomacia, pensamos que es dar la razón a todos,
para mantener la balanza equilibrada en las relaciones sociales. El
diplomático no sé si nace o se hace a fuerza de mantener una
estética/estática tras sufrir escarnios transversales, que ocurren en muchas
ocasiones, pero sin romper el protocolo que se exige para cada situación. De
una manera coloquial, los diplomáticos suelen dar la impresión que no toman
partido. Son las ideas de sus gobiernos las que deben defender, partiendo de
base, de que cada uno tiene razón; para eso se necesita calma y conservar
la moderación, mientras dure el dialogo.
El diplomático prestará, o al menos eso da a entender, la atención de todos
sin excepción. Se llama plenipotenciaria al tener íntegras atribuciones,
siempre de acuerdo con las leyes del Derecho Internacional.

Convencer y desaconsejar, establece, a juzgar por la tradicional tesis, el
objeto de la diplomacia; ésta actúa siempre desde la parte exterior de un
gobierno. No es exactamente política pero a través de ella se llegan a
funciones totalmente políticas, las llamadas de "guante blanco", utilizando
una conducta refinada mezclada con una civismo disfrazado a través de una
expresión habilidosa y una autenticidad relativa; con tacto, sin agravios
para no ser recusado como persona "non grata" y que no se le conceda el
"plácet" del estado receptor; ocultando sobremanera intenciones, para el
logro de intereses, pero sobre todo gozando de una inmunidad. Todo esto a
través de un protocolo, conjunto de un ceremonial diplomático e
intercambiando información a través de valijas, pero sobre todo a tener en
cuenta en no proceder de forma que su gobierno pudiera caer en un ridículo
internacional.

Siempre se ha hablado del arte de la diplomacia. Arte que reconcilia a
través de mensajeros una negociación vital para un estado. Es una carrera de
vocación puesto que tendrán que estar la vida entera como nómadas, de nación
en nación.

Pues bien "grosso modo", esto nos lleva a entender lo que es la diplomacia.
Pero hay que, diferenciar claramente, que la diplomacia no es picaresca. En
esta: la figura vital es un pícaro huérfano y desprovisto de principios
morales, pero víctima de la sociedad a cuya costa pretende vivir. Hay
políticos, que, dadas sus dotes de convicción, nos quieren hacer ver, que
España va bien, que no existe desempleo, que nuestros soldados van allende
nuestras fronteras a situaciones de paz, que el terrorismo pronto será
erradicado, que no existen corruptos a estas alturas dentro de la política y
los que llenan las páginas de los periódicos continuamente por prevaricación
de ciertos "ejemplares" en muchos municipios, son sólo casos aislados, que
la culpa de muchos errores políticos nunca es del gobierno de turno si no de
los otros, que las cadenas estatales de televisión están dando un alto nivel
de programación con respecto a las otras, que la política exterior(versus
diplomacia) es correcta ahora, que la ley de ordenación universitaria (LOU)
es acertada al igual que la LOE... que...¿qué?

La picaresca se ha definido muchas veces como latrocinio, estafa, pillaje
etc. Existen verdaderos leguleyos que analizan las leyes buscando solo los
fallos que puedan tener y así poder utilizarlas en favor propio, decía
Aristóteles: "la democracia puede fácilmente degenerar en tiranía, esperemos
que la conciencia prevalezca antes de caer en ella".

No debemos abordar siempre el amplio abanico de la diplomacia, que actúa de
formas no muy concretas en el día a día; si existe un protocolo dentro de la
diplomacia y este se lleva a la política, debe ser exacto y no hacer
conjeturas cuando nos referimos al autentico estado de cómo está la Nación.
Nuestra Nación. La defensa de unos intereses políticos no se deben hacer
con un ataque desmesurado a otras ideologías. De todo se puede aprender.
También existen diálogos en los que se puede llegar a una solución para
todos. Tenemos que olvidar, que el estar en los escaños es por decisión de
los ciudadanos, no para aferrarse a ellos con el miedo a perderlos, no con
el ansia de conservarlos. Se supone que los servidores del Estado están para
servir y no para servirse.