lunes, 26 de marzo de 2007

EXODO


Los medios de comunicación nos informan de las penas que sufren los
emigrantes a reemplazar su país por otro.


Mucho se ha hablado de las causas de la inmigración, y estudios del tema
abundan. El emigrante obligado por pobreza, por exclusión casi total, por
política o religión etc., hacen que millones de personas abandonen sus
países para buscar sustento, seguridad y en muchos casos salvar la vida.
Nuestro siglo ha sido testigo de emigraciones masivas dramáticas,
recientemente tras los conflictos en Asia, recordamos las imágenes de barcos
cargados con personas de Vietnam, miles y miles huyendo se lanzaban al mar
en débiles embarcaciones, también en Kosovo, Africa, por causa de la guerra,
el hambre y la persecución, huyen buscando un mejor futuro, y salvar la
vida.


El fenómeno de los emigrantes no es nuevo, basta recordar que desde
principios de siglo provenientes de Europa oleadas de inmigrantes buscaron
nuevos horizontes en América Latina, donde construyeron sus nuevas vidas y
en nuestro continente desde el principio de los tiempos ha existido este ir
y venir de gentes de toda raza, idioma, creencia, formando el crisol étnico
que es hoy día Europa. Cuando pensamos en el emigrante normalmente se nos
viene a la mente la imagen de la persona sin mucha formación académica, que
se ve forzada a realizar trabajos que a nadie atrae y que se consideran
degradantes o mal pagados (limpieza, recolección de frutas), pero la
realidad nos muestra que el espectro es mucho más amplio, pues entre
nosotros también están gran cantidad de profesionales cualificados, que
debido a las crisis económicas en sus países estuvieron en desempleo, con
sueldos congelados o regresivos, generando una situación de desesperanza que
sumado a la falta de perspectivas han dejado como única alternativa la
inmigración.
El concepto que tenemos del inmigrante es excluyente y estigmatizante, no es
de extrañar que este sea entendido como "un problema", cuando en realidad la
mejor postura sería sensibilizar a la población para que favorezca su
integración, concreta, que les conceda derechos y obligaciones como nuevos
ciudadanos. Es preciso que trabajemos en terminar con la desatención en la
que se encuentran miles de extranjeros, no sólo en España sino que en toda
la UE. Nuestra meta debe ser la plena integración social, buscando la
armonía en la diversidad. Celebramos hace poco los 50 años de la declaración
de los derechos humanos. Carta que comienza diciendo: "todos los seres
humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos", pero la realidad nos
muestra que cuando ese hombre se convierte en forastero, ya pierde sus
prerrogativas al libre ejercicio de los derechos cívico sociales y
laborales, propios de los ciudadanos en la comunidad de acogida.


Algunos se lamentan de la existencia de Ghettos, sin tomar en cuenta que el
principal de ellos se encuentra en nuestra mente, construido sobre nuestros
prejuicios y desinformación, para algunos los emigrantes son la causa del
problema del desempleo, cuando los estudios serios han demostrado que no es
cierto. El nuevo siglo será llamado el "siglo de las inmigraciones",
¿estaremos preparados para recibir a los que llamen a nuestras puertas?, ¿o
los vamos a tratar como hasta ahora, llevándolos a centros de reclusión por
el único crimen de ser indocumentados?. Hemos estado viviendo en una
contradicción compartida por toda la comunidad internacional, pues las
fronteras no existen a la hora de hacer buenos negocios, pero se convierten
en muros alambrados al momento de hablar de movimiento de población. Estas
pocas líneas no pueden abarcar todo el tema, tal vez nos interpelen mucho
mejor a la mente y el corazón las palabras del poeta africano :


¿Por qué me preguntas si soy de Africa, / si soy de América, / si soy de
Asia, / si soy Europeo?: / Ábreme, hermano. No soy un negro, ni un piel
roja, ni un oriental, ni un blanco, sino sólo un hombre;/ Ábreme hermano. /
Ábreme la puerta, / ábreme el corazón, porque soy un hombre, / el hombre de
todos los tiempos, el hombre de todos los cielos, / un hombre cómo tu. René
Philombe