jueves, 22 de marzo de 2007

Antoni Gaudí, el Arquitecto de la Gloria

Veo un mundo de curvas que al cielo claman, presuntos arbotantes y botareles que caminan buscando un horizonte que se despeñe y modelen las manos de un divino creador.
Veo danzas de fuego en las calles ocultas; celdas para un refugio de vigilias y éxtasis en la era palaciega que atraviesa el umbral, cómo cataclismos que a la vista alteran.
Veo al genio del tiempo, en los misterios de la historia, con la tenacidad que siempre sueña al abrir abanicos de los enigmas de la vida entre trazos sensibles de aire blando.
Veo mansiones como maceradas flores, estucos y relieves que el tiempo no destruye; milenarias medidas minuciosas, descriptivas, un flabelo de estatuas y columnas de alabastro
Veo matices que vencen lanzas sin rendición. Espejos de Reyes, auras movidas sin viento, Son el mundo secreto que viene de la Gloria, inefable expresión de un misterio adónico.
Veo trémolos en medio de iconos ondulados, rocas que parecen entonar una escala y la garganta sensible del viento a su paso dejando trozos de seda como áureo gladiador.
Veo dolorosas vías, rubricadas por el destino Y miran a las torres mudas, expectantes entre sollozos, que el misterio se vuelva misterio, y entonces vi a Gaudí solitario... camino del cielo...