martes, 27 de marzo de 2007


AMAOS Y NO ARMAOS LOS UNOS A LOS OTROS


  1. Desde el principio del mundo, muchas páginas de la historia se han escrito con sangre. El diálogo ha sido el gran ausente desde que la humanidad es considerada como tal. La belicosidad ha sido cotidiana en nuestras vidas. Millones de seres han sido sacrificados en absurdas luchas. Mucho tiempo se ha dedicado a las contiendas bélicas. Las ha habido de todos los gustos, hasta entre hermanos, cambiando el principio de "amaos los unos a los otros" por el "armaos los unos a los otros". Raro es el cementerio en el que no observamos lugares destinados exclusivamente a "muertos en combate". El mundo está, por desgracia, lleno de ellos. Las distintas formas de regir el mundo han causado violentas deflagraciones contra la vida. En lugar de concordia, desatino. ¿Nos queda algo de esperanza en este nuevo siglo para alcanzar la paz en algún rincón del planeta? Nos estrellamos contra la manifestación caótica y turbulenta de fuerzas y poderes, las cuales, por imponerse, someten a millones de seres a los pensamientos dictados por no sé qué oscuros intereses o, incluso, (me da igual) oscuros pensamientos. Tal vez nunca antes, la eterna lucha fue tan desbordante en la historia como hoy. En efecto, parte de la humanidad exporta un modelo de vida asfixiante y un seudo desarrollo absolutamente perverso. Dicen: "El precio del progreso". Pero no todo lo que el hombre llama progreso lo es. Baste decir que muchas de las conquistas de las que se jactan los tecnócratas han redundado en males y sufrimientos a pueblos enteros. Los países del primer mundo, que se ufanan de poseer una cultura y un hiperdesarrollo, no terminan de entender que si les sobra es porque a alguien le falta. ¿Dónde se van a dirigir las grandes masas de desplazados, pobres, sin patria y sin empleo? Haría falta crearles un planeta adicional, porque, en medio del nuestro, cada día tienen menos lugar. Sabemos que la biblioteca de Alejandría reunía un caudal de conocimientos muy superior al de cualquier centro cultural de su tiempo. Principios fundamentales como la "tecnología del vapor", o análisis sobre la tradución e interpretación hubieran adelantado cientos de años nuestra cultura ¿Qué impulsó a la turbamulta a destruir aquella maravilla de la humanidad? El fanatismo de Abu Beker. El príncipe de los muslines afirma: "Si esos tesoros dicen lo mismo que el Corán ¿para qué sirven?, y, si no dicen lo que el Corán, son heréticos y hay que eliminarlos". ¿Qué quiero decir con esto? Que igual que los franceses dicen "cherchez la femme" nosotros hemos de decir "buscad al fanático" que inspira la guerra, sin tener en cuenta vidas ni culturas ni todo aquello que pueda contribuir al desarrollo del ser humano. Olvidamos con temeraria indolencia que este planeta es el hogar de todos, que el ser humano que fue hecho para vivir en comunidad reduce su libertad en aras del Estado para defenderse no para ser ofendido. Una comunidad que abrace a toda persona, sin importar su lugar de procedencia. Una comunidad que discierna sus propios pasos. Capaz de educar la voluntad para cambiar guerra por paz. Esa es la sociedad que hemos de conseguir. Algunos entienden la solidaridad como la moneda que entregó a la ONG de turno, a la mano que se extiende en la calle. En realidad, la solidaridad es la única manera humana de vivir, es la opción de hacerse uno con los sufrimientos, luchas y sueños de todos, especialmente de los marginados por la sociedad. Dar la espalda a estas realidades sólo provoca mayor dolor. Ese daño, antes o después, se volverá en contra nuestra. Optar por la paz es lo humano, lo contrario no sólo es crimen, sino genocidio (no se mata a una raza pero sí a todas las razas). Mientras escribo estas líneas, miles de personas mueren sin asistencia médica, o víctimas de la guerra, de la depravación de algunos, de la avaricia de otros... Es inmoral que menos de un 20% de la humanidad acapare el 80% de los recursos. Son muchos los que levantan escandalizados su voz para denunciar estos abusos pero... ¿cuántos son los que doblan su rodilla en silencio ante el sistema? Cierto que es fácil denunciar y criticar. Cierto que es muy difícil actuar en consecuencia. Pero podemos hacer un cambio. Comencemos con nuestra forma de vida. Controlemos el derroche. Apelemos a la conciencia social. Vayamos del consumismo a la solidaridad. Debemos elegir. O dejar de ser cómplices. Nuestro grado de intervención en los asuntos públicos suele ser cero, como individuos; pero colectivamente nuestras opciones se multiplican. Sin justicia no hay paz. Anhelemos la paz, pero no como la da el mundo; o en palabras de Mario Benedetti, como la proponen "los pacificadores, que cuando apuntan por supuesto tiran a pacificar y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro. Es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda". Pongámonos en marcha, que el día está avanzado y la noche se aproxima.